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domingo, 4 de mayo de 2014

Pérdida sin recuperación de Paragua.

Es crónico ya. El café se enfrió, el paraguas quedo allí, tan solo allí. Vagabundo y siniestro, clavado cual árbol que florece de la arena escombrosa y sucia de plaza de avenida.
Es que tan solo allí no se pudo acostumbrar, un paraguas tan solo, indefenso, indeseable, clavado allí, al lado de las hamacas. Quién sabe y quién sabrá, donde estará. La elegancia acudió a su estrépita soledad y sin rodeos lo tomó. Como se toman un par de zapatos usados en la feria americana, como letra cursiva que escribo y me detengo.
Me detengo en ese mismo instante para suspirar por el paraguas.
(Se detiene, suspira).
Otras lluvias lo mojarán, otras plazas lo entenderán. Y en la misma arena en que ayer dormitó esbelto él, quizás hoy lo rechazan.
O quizás nunca existió. Pobrecito mi paraguas.

Mierda y caos.

¡Gloria a la belleza! ¡Que el alma se ilumine de bienestar! (Dicen los menos arriesgados)
¿Dónde se encuentra la aclamada y perseguida belleza? ¿No es que somos infinitas y múltiples desapariciones estelares, algo así como un sinfín de interrogatorios? Una muchedumbre putrefacta, como tostadas quemadas de pan de ayer.
Comprender al mundo desde la metáfora, porque la palabra belleza no explica a la belleza tal como es. Las palabras solo son denominadores de grandezas hechas añicos (palabras).
La lluvia no es lluvia, a veces tan solo son pequeños retazos de río que caen a la tierra para amar a los granos de arena.
Y yo no soy más que un desorden que anhela un coherencia, una leve transformación hacia lo que alguna vez desterré.
Convertirse en el humano que aborrecías, ponerle un poquito de azúcar al mate.
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Pasajera en trance, una mirada de calma cuando el caos es lo único visible.
Amanece, que no es poco.
Cien ráfagas de luz gravitan sobre mi cabeza. ¿Qué hago yo acá?
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Como la reliquia de escribir se junta con el miedo a tan solo manchar y desperdiciar el papel... Yo me miro y no me entiendo.
Fiebre de tanto. Austero llanto. Lagañas en los ojos.
Ponerle un poquito de azúcar al mate.

Eu Sei Que Vou Te Amar

La clavícula del despertar con tus manos rozando mi panza, y la avenida que se trasluce con esperas y fogosas llvuias que perpetúan su caída por mi pedido de escucharla acobijada en tu mirada.
El lago que nos observa, la inmensidad que reclama, las caricias eternas, el presente que en brasas se quema. El ademán de las miradas, la música y la calma. Que ya nada importa realmente si me abrazas. Y entre el jolgorio de los cerdos bebes, la abundancia de nuestro andar, las pulseras para regatear, el juntos cocinar, el reír y los años que tuvieron que pasar para que ahora estes acá.
Porque dos personas distintas se volvieron a encontrar. Qué bueno estar con vos acá.

Copacabana

Detrás de la luminosidad que desprende el sol se esconden realidades proyectadas... las de un pasado, casi presente, en el que la reminiscencia se cruza con el andar.
La tranquilidad de sostener la mirada en el agua, caudal de energía en movimiento, que no deja de moverse. Jamás.
Las palabras son superfluas. ¿Pa' qué escribo, pa' quién lo hago? Acá las metáforas no existen. En la belleza no existen las metáforas. Y si el aire puro, la paz inmediata, el sentir constante... no es belleza... ya no entiendo más nada.
El viaje eterno, la deualidad de la poesía, las ansias de no caer en clichés epistemológicos y retratar con simpleza un instante, un ahora, un nunca ayer.

Por Potosí voy..

Certera sincronía, estimulante pasión.
Porque el pasado poblado de mentiras, saqueos y espejos, hablo, sí, del Cerro Rico que se ve desde cualquier lugar de Potosí.
Mentiras para la esclavitud, saqueos por la plata, espejos por la mentira mas el saqueo y el zinc.
Aunque.. la mierda reproductiva, colectiva y destructiva que dejaron acá (cuando se llevaron todo) se destruye automática y progresivamente en el mismo momento en que la simpleza de la infancia se hace presente.
Cuando el paralelo cotidiano entre la amargura desconcertante y la libertad plena de sonreír se zambullen con signos de exclamación oportunos que meritan la viveza y la belleza del arte urbano.
A la sonrisa de un niño que te ve como guía y sonrisa, a esa sonrisa, que desprende destellos elocuentes que no poseen reglas ni dirección.
Al brillar paulatino y en potencia de la mirada cuando se posan en cuerpecillos con sombreros que te regalan flores.
El merito de vivir, la sonrisa de un niño.
Las migajas que existían de tensión, terror, presión... se deshacen como arena en nuestras manos.
Plaza de Potosí, que bella sos. Este atardecer de enero, achinando mis ojos por el festín. Sí, dibujaste alegría, enhorabuena caminar por aquí.

Así como

Así como el renacimiento que sustenta al día que muere y a la noche que nace. Así como el intermitente frenesí, como la tristeza colectiva de la carencia de lo soñado, de la miseria hecha realidad. Así como el aprendizaje de transcurrir la libertad compartida. Así, como hoy, que podemos ver ojo a ojo la unidad que desbordamos. Así, como penumbra universal que somos, como polvo de estrellas que se deshace en nuestras manos.
Y así, así como la realidad configurada en prototipos sin estela; que se precipita en legumbres ya vencidas que esconden la pereza de la oscuridad, tras duras superficialidades protocolares. (CARETA!)
Y: ¿cómo negar el desborde abismal que me alucina cuando Hector canta su tema?

lunes, 18 de noviembre de 2013

Lejos

Aciguatada por el ayer,
por un nauseabundo tal vez.

En revuelques y tragedias volví a nacer.
De tu mano como el ave que nutre mi ser,
como el jolgorio que embellece la embriaguez.
Como la siniestra médula que reprime y no deja ser.

Quisiera arrepentirme de un después
y no enloquecer con los supuestos.
(que en regalos envuelvo al parecer)